Comercialización

Nuevos caladeros

En los años veinte comienzan a aparecer los primeros síntomas de agotamiento de los caladeros gallegos y del Cantábrico, y a partir de 1923 el radio de acción de los barcos se desplazan hacia Huelva, Algeciras y sobre todo Cádiz, para aprovechar los fértiles bancos de las costas de Marruecos y del Sáhara.

Marcará un hecho fundamental en la pesca gallega la llegada de nuestros barcos en 1927 a los caladeros del Gran Sol, ricos en merluza. Debido a la escasez de carne y pan durante la Guerra Civil y en la siguiente posguerra, el pescado cobra un importante papel substitutivo.

El cierre del Gran Sol provocado a partir del 1939 por el inicio de la Segunda Guerra Mundial, hace que la flota se desplace al Banco Canario Sahariano; terminada la contienda en 1945, se vuelve a faenar en el Gran Sol, recuperado después de la veda forzosa que supuso la Guerra. Hacia mediados de siglo este caladero también se agota, propiciando que la flota gallega mire hacia nuevos caladeros, es el turno de los grandes bancos de pescado de Terranova, convirtiéndose el bacalao en el producto a capturar dando fin al período de importación de esta especie, con el que llega España a ser un importante país exportador, aunque sin conseguir los niveles de Portugal.

Esta nueva coyuntura de bonanza en la producción y en el consumo provoca un nuevo impulso constructivo en base a nuevas técnicas de construcción naval, los barcos aumentan su tonelaje, se sustituyen los cascos de madera por los de acero, de mayor resistencia y menor coste de mantenimiento, el carbón desaparece en favor del fuel, también las máquinas de vapor se canjean por nuevos motores de explosión diesel, y mejora la seguridad de los buques. Asimismo se difunden las comunicaciones por radio y se adoptan los primeros sistemas electrónicos de localización de cardumenes, como la ecosonda, y más tarde los sónar.


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